Me desperté un poco desorientada, aún no me había acostumbrado a la nueva casa, a pesar de que ya hacía más de dos semanas que nos habíamos mudado a Barcelona. Era una ciudad preciosa, pero echaba de menos mi antigua casa, mi ciudad, a mis amigos (aunque, por lo visto, ellos no me echaban de menos a mí, ya que ninguno de ellos se había molestado en enviarme un mensaje para saber cómo había ido la mudanza y demás), también echaba de menos al pesado de mi hermano... incluso añoraba mi antiguo instituto.
-Cinco minutitos más, papi...-dije mientras se me escapaba un bostezo.
-Vamos, levanta. Mamá ya se ha ido a trabajar y yo no te puedo esperar mucho tiempo más, te recuerdo que hoy también es mi primer día en el trabajo.
-Vale, ya voy, jope- me levanté un poco enfurruñada (como todas las mañanas) pero fui incapaz de negarme al abrazo de mi padre y a ese besito en la frente que hacía que siguiera sintiéndome una niña pequeña, su niña pequeña.
Mientras papá fue a prepararme el desayuno me arreglé y revisé mi móvil una vez más para ver si tenía algún mensaje de él... no podía creer que después de ese verano tan increíble que habíamos pasado juntos se hubiera olvidado por completo de mí. También seguía sin haber ni rastro de mis amigas, supuse que estarían ocupadas o no sé, no me molesté en darle más vueltas y bajé a desayunar.
Cuando llegué al instituto estaba muy nerviosa, de hecho, creo que era la vez que más nervios sentía en mi vida. Pregunté al conserje dónde estaba la clase de 1º de bachiller y me dirigí escaleras arriba. Al llegar me senté al lado de una chica bajita y rubita que parecía muy maja.
-Hola, yo soy Laia, ¿tú cómo te llamas?
-Me llamo Anna, pero todos mis amigos me llaman Ann.
-¿Eres de aquí? Es que te noto un acento muy... diferente al mío.
-¿Tanto se me nota? Soy de Valencia.
-VOSOTRAS DOS, CALLAD YA SI NO QUERÉIS EMPEZAR EL CURSO CON MAL PIE- dijo el que, al parecer, era nuestro tutor.
Así que pasamos los siguiente 15 minutos más o menos calladas hasta que el profesor nos repartió el horario y nos dejó libres por lo que quedaba de día (y de semana, ya que era viernes). Al salir, como papá y mamá estaban en el trabajo y no había nadie que me esperara en casa, me quedé con Laia y una amiga suya, que por lo visto también iba a nuestra clase.
-Yo soy Núria- dijo la chica, era muy alta y delgada, y su negra y corta melena hacía que pareciera aún más esbelta.
-Encantada, yo soy Ann.
-¿Cuánto hace que te has mudado a Barna?-me preguntó Laia.
-¿Mudarse? ¿No eres de aquí?- dijo Núria extrañada.
-No, soy de Valencia, y a penas llevo dos semanas aquí-contesté.
-¿Y has hecho ya alguna amistad?
-Qué va, si os soy sincera sois las primeras personas, a parte de mi familia, con las que hablo desde que llegué a aquí.
-Entonces, ¿te gustaría venir esta noche con nosotras a las ramblas? -me ofreció Laia.
-Por mí perfecto-les dije.
-Muy bien, pues a las 22.00 nos vemos en plaza Catalunya.
-Igual, hasta te parece guapo alguno de nuestros amigos-dijo Núria justo antes de que cada una de nosotras tomara un camino diferente.
¿Amigos? ¿Qué amigos? No me apetecía conocer a ningún chico, seguía sin poder sacarme a Luis de la cabeza, aunque desde que acabó el verano no sabía nada él. Por lo visto, él sí había sido capaz de olvidarse de mí.