Escuché esa bonita canción de Rayden que tenía como melodía de llamada en el móvil. Cuando reaccioné me di cuenta de que eran las 10:30 de la mañana y de que tenía al menos seis llamadas perdidas de Laia. Abrí el WhatsApp aún un poco dormida, ya que para mí despertarme un sábado antes de las 12 era sinónimo de madrugar. Tenía varios mensajes de mi mejor amiga, con la cual no había hablado casi desde que me mudé y de un par de amigas más de Valencia. También tenía unos cuantos mensajes de un grupo nuevo que, a pesar de tener únicamente el número de Laia, supuse que eran Núria, Jordi, Ernest y Arnau. Y, como no, unos veinte mensajes de Laia diciéndome que a las 11 pasaba a por mí para ir a la playa. ¡ES VERDAD, YA NO ME ACORDABA DE QUE HABÍAMOS QUEDADO PARA IR A LA PLAYA! Me arreglé lo más rápido que pude y tras informar a papá y a mamá bajé al portal de mi nueva finca, donde Laia me esperaba.
- Buenos días, marmota- me dijo Laia tras darme un abrazo.
- Bon dia, Laieta.
- Estos ya estarán llegando, vienen a recogernos en coche.
- ¿Y cabemos los seis?
- No, pero Núria hoy no viene, se ha ido todo el fin de semana a Cornellà con sus abuelos.
- Ah, vale.
- Habrás cogido crema solar,¿no? Con lo blanquita que eres no me extrañaría que volvieras siendo un tomatito.
- Oye jo, te recuerdo que en Valencia también tenemos playa, eh- dije segundos antes de escuchar a Arnau pegando un pitido y diciéndonos que subiéramos al coche.
Subimos al coche y ahí estaban Arnau y Jordi, aunque no había ni rastro de Ernest.
-¿Dónde se ha metido este chico? ¿Ya vuelve a llegar tarde?- preguntó Laia.
-Ya sabes que siempre se duerme, ha dicho que acudirá allí directamente con su moto.
Poco a poco, iba hablando más con ellos. Y gracias al trayecto en coche descubrí que Arnau escuchaba la misma música que yo. Tenía un CD lleno de canciones de Txarango y Obrint Pas, dos de mis grupos favoritos.
- Hombre, buenos días princeso - le dijo Jordi a Ernest al verlo esperándonos en la arena.
- Hola chicos, habéis tardado en llegar, eh.
- Aquí la amiga es igual de dormilona que tú- dijo Arnau pasándome un brazo por encima del hombro.
- Al fin alguien que me entiende- dijo Ernest, y me lanzó una de sus sonrisas torcidas, de esas que resultan irresistibles.
Nos tumbamos un rato a tomar el sol, aunque no pude aguantar mucho tiempo sin meterme al agua. Laia me acompañó, y dejamos a los tres tomando el sol. Nunca me hubiera imaginado en la playa con tres chicos tan guapos, de esos que cuando vas paseando por la orilla del mar llaman tu atención y no puedes quitarles ojo de encima, hasta que te clavas un erizo en la planta del pie, o te chocas con una alga, o cosas de esas que sólo le pasan a la gente torpe como yo.
- ¿Preparada para tu primera noche de fiesta en Barna, Ann?
- Por supuesto que sí, Laia. Aunque no creo que mis padres me dejen volver a casa más tarde de las dos.
- Tranquila, ya había pensando en ese posible problema. Por suerte, mis padres se han ido este finde a un Spa, y nos han dejado solos a mi hermano y a mí.
- Qué suerte, pero eso no cambia nada.
- Espera impaciente, déjame acabar la historia. Había pensado que te podrías venir a dormir a mi casa. Albert puede hacerse pasar por mi padre si hace falta convencerlos.
- ¿Albert es tu hermano?
- Sí, pero ten cuidado, está muy bueno y no quiero que acabes perdidamente enamorada de él.
- Bueno, eso ya se verá. Hablando de tíos buenos, ¿hay algo entre Jordi y tú?
- ¿Y estas confianzas?
- Perdona Laia, tienes razón...- dije tremendamente avergonzada, pero ella echó a reír antes de que acabase la frase.
- Es broma, tonta. Ya te contaré luego en mi casa, ¿vale?
- Estupendo.
- Aunque yo también tengo algunas preguntitas preparadas para ti, eh bonita.
En ese momento entraron Jordi, Ernest y Arnau al agua. Nos pasamos un par de horas haciendo el tonto, y después volvimos a la arena. Jordi, Laia y Arnau se quedaban a comer en la playa. Yo no podía, porque tenía comida familiar. Por suerte, Ernest también se iba a casa, y me ofreció llevarme en moto. Nos despedimos de los demás, y quedamos con Laia a las 22h en Plaça Catalunya, como habíamos hablado la noche anterior.
Ernest tenía la moto aparcada justo en la otra punta de la Barceloneta, así que tuvimos que andar unos 10 minutos hasta allí.
-Bueno, háblame de ti, a penas nos conocemos- me dijo, y noté cómo mis mejillas se enrojecían mientras yo trataba de buscar una respuesta.
- Pues, no hay mucho que contar. Me llamo Ann, he vivido durante 16 años en Valencia, y hace aproximadamente dos semanas me mudé a Barcelona.
- Parece esto una presentación de niños de 6 años que están aprendiendo inglés.
- Lo sé, se me da bastante mal esto de hablar de mí.
- Bueno, ¿me cedes turno entonces?
- Te lo cedo.
- Vale, te cuento. Me gustaría pasar un verano en África, colaborando con alguna ONG, una vez acabe la carrera de Medicina. Luego, me gustaría ir a vivir a Italia, por eso estoy estudiando Italiano. Y, no sé, no hay mucho que contar.
- ¿Sabes hablar italiano? Yo siempre he querido aprender.
- Si quieres te puedo enseñar.
- No estaría mal.
- Perfecto entonces, ya lo iremos hablando. Bueno, ¿y tú qué quieres estudiar?
- No tengo ni idea, si te soy sincera.
- Vale, no quiero someterte a presión, así que mejor cambiemos de tema. Dime, ¿no echas de menos Valencia?
- Sí, la verdad es que sí. Echo de menos a mi hermano, a mis amigas, no sé, echo de menos muchas cosas.
- ¿Algún chico?
- ¿Qué? - dije con esa estúpida voz que me salía cada vez que tenía vergüenza.
- Aquí tienes, tu casco de la moto- dijo él cambiando completamente de tema, como si esa pregunta fuera solamente fruto de imaginación.
- Gracias.
- A ver, ¿dónde quiere ir usted, señorita?
- Vivo a dos calles de casa de Laia, puedes dejarme allí.
- Estupendo, ahora cógete fuerte.
- ¿Así?- dije apoyando mis brazos en sus costados.
- No, así no. Cógete más fuerte, que sino te puedes caer- cogió mis brazos y tiró de mí hacia delante , y sentí como mis mejillas se enrojecían, pero por suerte él no lo vio.
Mientras íbamos en la monto podía sentir el viento rozándonos, y era una sensación increíble, y sonreí. Pero entonces, recordé a Luís, no sé por qué lo hice, pero así fue. Noté como una lágrima caía por mi mejilla al comenzar a recordar todos los momentos que habíamos pasado juntos, pensé que ya sólo eran recuerdos y noté más lágrimas por mis mejillas.
-Bueno, ya hemos llegado- dijo Ernest sacándome de todos mis pensamientos.
- Ah, sí, gracias.
- Espera, te acompaño a casa- dijo bajando de la moto.
- No hace falta- dije con la voz temblorosa, es algo que me solía pasar cuando lloraba.
- Eh, ¿estás bien, Anna?
- Sí, claro.
- ¿Ha sido por lo que he dicho antes? ¿Por lo de algún chico que echas de menos?
- No, no, qué va.
- Mira que no te conozco casi, pero se te da fatal mentir- me dijo, y justo después me abrazó.
Me abrazó y rompí a llorar, y lloré entre sus brazos durante un par de minutos. Y me dijo que lo sentía, porque había metido la pata al preguntarme eso. Y yo le dije que sentía que tuviera que consolarme aún sin a penas conocerme. Y me abrazó con más fuerza, me dijo que no pasaba nada y me dio un beso en la frente. Y después de eso seguimos andando hasta mi portal, me recordó que habíamos quedado con Laia a las 22h, me guiñó un ojo y se fue.
Y las lágrimas desaparecieron. Y sentí una sensación agridulce. Supongo que hay personas con las que, simplemente, conectas. Y consiguen transmitirte confianza, y consiguen hacerte feliz.
diumenge, 25 de maig del 2014
dijous, 8 de maig del 2014
Cap. 3
Pasamos por delante del Hard Rock y con tan sólo mirar aquel local se me caía la baba. Núria y Arnau iban unos metros más atrás, parecía que había algo entre ellos, me lo pareció desde el primer momento en que los vi juntos. Laia, Jordi y Ernest caminaban a mi lado y mientras yo seguía embobada mirando la fachada del edificio donde se encontraba el Hard Rock ellos parecían mantener una conversación bastante entretenida.
-¿Tú que piensas Ann? ¿Ann? ¿Hola?- escuché finalmente decir a Laia.
-Eh, ¿qué? Perdona, no estaba muy atenta. ¿Qué decías?
-No sabemos si ir a la pizzería o a un bar de quintos,¿tú qué prefieres?
-Laia, somos dos contra una, no intentes poner a tu nueva amiguita de tu lado- dijo Jordi.
-Perdona, pero yo no estoy intentando poner a nadie de mi lado- contestó algo alterada Laia.
-Ya estamos, siempre igual-dijo Ernest después de soltar una carcajada.-Tranquila Anna, ya te acostumbrarás a las discusiones de estos dos. Se pasan la vida así, pero en el fondo se adoran.
Como no sabía qué decir preferí dejar escapar una risita antes que soltar alguna estupidez y parecer tonta. Pero debo admitir que esa risa de niña irritante no fue muy buena opción.
-Chicos, han abierto un bar nuevo en Carrer de Pelai, ¿vamos?- dijo Arnau y todos parecieron estar de acuerdo con él. Y menos mal, porque sino Laia y Jordi hubieran seguido discutiendo y yo sin saber qué decirle a Ernest.
Cuando acabamos de cenar Núria y Arnau se fueron cada uno a su casa, o al menos eso nos dijeron. Jordi se fue después de un par de cervezas más ya que a la mañana siguiente tenía que ir a trabajar, por lo visto se había pasado el verano trabajando para poder pagarse el alquiler de la casa que compartía con Arnau. Por lo que nos habían contado querían que su vida universitaria se pareciera a la de esas películas americanas y por eso habían decidido emanciparse un mes antes de comenzar el primer año de carrera. Ernest, en cambio, había decidido seguir viviendo con sus padres ya que tenía claro que viviendo con esos dos poco iba a estudiar y medicina era una carrera muy difícil.
-Ahora que estos muermos se han ido, ¿nos vamos de fiesta por las Ramblas o qué?-dijo Laia sonriendo y dejando ver esos hoyuelos tan monos que se le formaban al hacerlo.
-Yo no sé, casi sería mejor que me fuera a casa y os dejara un rato a las dos para que hablarais de vuestras cosas- respondió Ernest.
-¿En serio vas a irte ya? No querrás que Ann descubra lo soso que eres.
-No todos podemos aguantar tu ritmo, Laieta- le dijo él guiñándole un ojo.
-Va, no seáis así.
-Mira, hacemos una cosa. Si hoy me dejáis ser un soso mañana os lo compenso con un plan increíble. ¿Aceptáis?
-Si, pero si nos cuentas ese plan tan “increíble” -dijo irónicamente Laia- que se te ha ocurrido.
-¿Y tú, Anna? ¿Aceptas?
- Vale, va.
-Bien, mañana no contéis con ir a casa a dormir. A las 10 de la noche os quiero ver en la puerta del Hard Rock dispuestas a comer los mejores nachos de todo el mundo.
-¿Y eso es todo?
-No me subestimes, querida Laia, eso es sólo el principio. Si quieres ir de fiesta por las Ramblas sólo tienes que esperar a mañana.
-Vale, trato hecho.
-Por mí perfecto- dije con una sonrisa.
-No hace falta que lo jures, he visto con qué carita mirabas el Hard Rock- me dijo Ernest guiñándome un ojo, esta vez a mí.
Después de esto nos dio dos besos a cada una y se fue. Os aseguro que si se llega a quedar treinta segundos más hubiera visto mis mofletes rojos como tomates. Que me guiñara un ojo y que se hubiera dado cuenta de las ganas que tenía de ir al Hard Rock hizo que me sonrojara y que esbozara una gran sonrisa, de las de verdad, de las que hacía tiempo que no se veían por mi cara. Intenté disimular todas esas sensaciones que ni yo misma podía entender para que Laia no se diera cuenta, y aunque se me de horriblemente mal disimular ella no me dijo nada. Supongo que sí se percató pero prefirió callárselo ya que a penas teníamos confianza. Pasamos un rato más charlando, y después de intercambiar nuestros números de teléfono para quedar a la mañana siguiente para ir a la playa cogimos un taxi para volver a casa. Por suerte, Laia vivía a pocas calles de mi nuevo hogar.
Cuando llegué a casa mis padres aún no habían vuelto, así que decidí hacer un poco de caso a mi móvil y revisar los mensajes de Facebook y WhatsApp. Le envié un par de mensajes a mis amigas, informándoles de cómo iban las cosas por Barcelona, les hablé de Laia, Núria, Jordi, Arnau y Ernest. Aunque a éste último a penas lo mencioné. Finalmente le envié un WhatsApp a Laia agradeciéndole que me hubiera invitado a salir con ellos y me fui a dormir.
Y esto fue tan sólo el principio de un fin de semana estupendo, el primero de muchos.
-¿Tú que piensas Ann? ¿Ann? ¿Hola?- escuché finalmente decir a Laia.
-Eh, ¿qué? Perdona, no estaba muy atenta. ¿Qué decías?
-No sabemos si ir a la pizzería o a un bar de quintos,¿tú qué prefieres?
-Laia, somos dos contra una, no intentes poner a tu nueva amiguita de tu lado- dijo Jordi.
-Perdona, pero yo no estoy intentando poner a nadie de mi lado- contestó algo alterada Laia.
-Ya estamos, siempre igual-dijo Ernest después de soltar una carcajada.-Tranquila Anna, ya te acostumbrarás a las discusiones de estos dos. Se pasan la vida así, pero en el fondo se adoran.
Como no sabía qué decir preferí dejar escapar una risita antes que soltar alguna estupidez y parecer tonta. Pero debo admitir que esa risa de niña irritante no fue muy buena opción.
-Chicos, han abierto un bar nuevo en Carrer de Pelai, ¿vamos?- dijo Arnau y todos parecieron estar de acuerdo con él. Y menos mal, porque sino Laia y Jordi hubieran seguido discutiendo y yo sin saber qué decirle a Ernest.
Cuando acabamos de cenar Núria y Arnau se fueron cada uno a su casa, o al menos eso nos dijeron. Jordi se fue después de un par de cervezas más ya que a la mañana siguiente tenía que ir a trabajar, por lo visto se había pasado el verano trabajando para poder pagarse el alquiler de la casa que compartía con Arnau. Por lo que nos habían contado querían que su vida universitaria se pareciera a la de esas películas americanas y por eso habían decidido emanciparse un mes antes de comenzar el primer año de carrera. Ernest, en cambio, había decidido seguir viviendo con sus padres ya que tenía claro que viviendo con esos dos poco iba a estudiar y medicina era una carrera muy difícil.
-Ahora que estos muermos se han ido, ¿nos vamos de fiesta por las Ramblas o qué?-dijo Laia sonriendo y dejando ver esos hoyuelos tan monos que se le formaban al hacerlo.
-Yo no sé, casi sería mejor que me fuera a casa y os dejara un rato a las dos para que hablarais de vuestras cosas- respondió Ernest.
-¿En serio vas a irte ya? No querrás que Ann descubra lo soso que eres.
-No todos podemos aguantar tu ritmo, Laieta- le dijo él guiñándole un ojo.
-Va, no seáis así.
-Mira, hacemos una cosa. Si hoy me dejáis ser un soso mañana os lo compenso con un plan increíble. ¿Aceptáis?
-Si, pero si nos cuentas ese plan tan “increíble” -dijo irónicamente Laia- que se te ha ocurrido.
-¿Y tú, Anna? ¿Aceptas?
- Vale, va.
-Bien, mañana no contéis con ir a casa a dormir. A las 10 de la noche os quiero ver en la puerta del Hard Rock dispuestas a comer los mejores nachos de todo el mundo.
-¿Y eso es todo?
-No me subestimes, querida Laia, eso es sólo el principio. Si quieres ir de fiesta por las Ramblas sólo tienes que esperar a mañana.
-Vale, trato hecho.
-Por mí perfecto- dije con una sonrisa.
-No hace falta que lo jures, he visto con qué carita mirabas el Hard Rock- me dijo Ernest guiñándome un ojo, esta vez a mí.
Después de esto nos dio dos besos a cada una y se fue. Os aseguro que si se llega a quedar treinta segundos más hubiera visto mis mofletes rojos como tomates. Que me guiñara un ojo y que se hubiera dado cuenta de las ganas que tenía de ir al Hard Rock hizo que me sonrojara y que esbozara una gran sonrisa, de las de verdad, de las que hacía tiempo que no se veían por mi cara. Intenté disimular todas esas sensaciones que ni yo misma podía entender para que Laia no se diera cuenta, y aunque se me de horriblemente mal disimular ella no me dijo nada. Supongo que sí se percató pero prefirió callárselo ya que a penas teníamos confianza. Pasamos un rato más charlando, y después de intercambiar nuestros números de teléfono para quedar a la mañana siguiente para ir a la playa cogimos un taxi para volver a casa. Por suerte, Laia vivía a pocas calles de mi nuevo hogar.
Cuando llegué a casa mis padres aún no habían vuelto, así que decidí hacer un poco de caso a mi móvil y revisar los mensajes de Facebook y WhatsApp. Le envié un par de mensajes a mis amigas, informándoles de cómo iban las cosas por Barcelona, les hablé de Laia, Núria, Jordi, Arnau y Ernest. Aunque a éste último a penas lo mencioné. Finalmente le envié un WhatsApp a Laia agradeciéndole que me hubiera invitado a salir con ellos y me fui a dormir.
Y esto fue tan sólo el principio de un fin de semana estupendo, el primero de muchos.
dijous, 1 de maig del 2014
Cap.2
Cuando me desperté de la siesta ya eran las ocho de la tarde, como no me comenzara a arreglar ya, llegaría tarde (para variar).
-Al fin te despiertas, Bella Durmiente-dijo mi madre al verme entrar al salón.-¿Cómo ha ido el primer día, cariño?
-Bien, he hablado con un par de chicas muy majas y... me han dicho de salir con ellas esta noche...¿te parece bien?-le dije mientras ponía cara de niña buena, para intentar convencerla.
-Bueno, está bien. Papá y yo también vamos a salir esta noche, sólo espero que cuando lleguemos a casa tú ya estés aquí,¿de acuerdo?
-Gracias, mami- le dije y le di un beso.
-¿A qué hora has quedado?¿Quieres que te llevemos en coche?
-A las diez. Tranquila mamá, iré en metro.
-Pues ya puedes empezar a arreglarte sino quieres que tus nuevas amigas descubran lo impuntual que eres, y cuidado en el metro.
-Sí, mamá... - le dije mientras me iba a arreglarme.
Me miré al espejo, por mucho que me arreglara mis pequitas hacían que pareciera una niña pequeña. La camisa verde que llevaba me encantaba, pero eso no quitaba que odiara mi cuerpo. Hoy era uno de esos días en los que odiaba mi físico más de lo normal, supongo que tenía algo que ver el hecho de tener que encajar en un grupo nuevo de personas. Intenté sonreírme a mí misma, cogí la chaqueta y salí de casa.
Una vez subí al metro me puse los auriculares y conecté el iPod, miré la hora y ya eran las 21.50, una vez más en mi vida, volvía a llegar tarde. Tenía como excusa que al ser nueva en Barcelona no me aclaraba con las líneas de metro. No era ninguna mentira, había tardado más de 10 minutos en averiguar cuál de todos esos metros me llevaba a las ramblas. Por suerte, el metro era más rápido de lo que yo pensaba y tan sólo tardé dos canciones en llegar. (Sí, canciones, era mi peculiar forma de calcular el tiempo, en canciones en vez de en minutos.) Subí las escaleras y vi a Núria y Laia hablando con un par de chicos, me acerqué a ellos.
-Hola Ann- se apresuró en decirme Laia nada más verme, y me dio un abrazo. (He de confesar que me encantan las personas que te saludan con un abrazo).- Chicos, ésta es Ann, la chica nueva de la que os estábamos hablando.
-Hola- dije con esa estúpida voz de niña pequeña que me salía cuando tenía vergüenza.
-Hola, yo soy Arnau – me dijo uno de los chicos sonriéndome. (Tenía una sonrisa preciosa, todo hay que decirlo).
-Y yo Jordi- dijo el chico rubio de ojos azules.
- ¿Y Ernest dónde se ha metido? Siempre tenemos que esperarle- dijo Núria un poco cabreada.
-Tranquila Nú, ya estoy aquí- dijo el que, por lo visto, debía de ser Ernest.
-Hombre, ya era hora- le dijo Arnau.
Ernest saludó a todos y de repente reparó en que había una cara nueva entre sus amigos. Me miró y no sé por qué sentí que mis mejillas se ponían rojas, supongo que sus ojos color miel me calaron un poco, aunque no tenían nada que ver con los ojazos azules de Luís.
-¿Y a esta pelirroja de dónde la habéis sacado?- dijo mientras me sonreía.
- Si hubieras llegado a la hora te habrías enterado de que Ann es una chica nueva de nuestra clase, que se ha mudado hace poco a Barcelona- le dijo Laia.
-Encantado Ann, chica nueva de la clase de Laia y Nú, que se ha mudado hace poco a Barcelona. Yo soy Ernest- me dijo y me dio dos besos.
Intenté decirle algo, pero no me salía la voz, me había puesto nerviosa. Vale, sí, siempre he sido vergonzosa, pero he de reconocer que sentí más vergüenza de la habitual.
-Al fin te despiertas, Bella Durmiente-dijo mi madre al verme entrar al salón.-¿Cómo ha ido el primer día, cariño?
-Bien, he hablado con un par de chicas muy majas y... me han dicho de salir con ellas esta noche...¿te parece bien?-le dije mientras ponía cara de niña buena, para intentar convencerla.
-Bueno, está bien. Papá y yo también vamos a salir esta noche, sólo espero que cuando lleguemos a casa tú ya estés aquí,¿de acuerdo?
-Gracias, mami- le dije y le di un beso.
-¿A qué hora has quedado?¿Quieres que te llevemos en coche?
-A las diez. Tranquila mamá, iré en metro.
-Pues ya puedes empezar a arreglarte sino quieres que tus nuevas amigas descubran lo impuntual que eres, y cuidado en el metro.
-Sí, mamá... - le dije mientras me iba a arreglarme.
Me miré al espejo, por mucho que me arreglara mis pequitas hacían que pareciera una niña pequeña. La camisa verde que llevaba me encantaba, pero eso no quitaba que odiara mi cuerpo. Hoy era uno de esos días en los que odiaba mi físico más de lo normal, supongo que tenía algo que ver el hecho de tener que encajar en un grupo nuevo de personas. Intenté sonreírme a mí misma, cogí la chaqueta y salí de casa.
Una vez subí al metro me puse los auriculares y conecté el iPod, miré la hora y ya eran las 21.50, una vez más en mi vida, volvía a llegar tarde. Tenía como excusa que al ser nueva en Barcelona no me aclaraba con las líneas de metro. No era ninguna mentira, había tardado más de 10 minutos en averiguar cuál de todos esos metros me llevaba a las ramblas. Por suerte, el metro era más rápido de lo que yo pensaba y tan sólo tardé dos canciones en llegar. (Sí, canciones, era mi peculiar forma de calcular el tiempo, en canciones en vez de en minutos.) Subí las escaleras y vi a Núria y Laia hablando con un par de chicos, me acerqué a ellos.
-Hola Ann- se apresuró en decirme Laia nada más verme, y me dio un abrazo. (He de confesar que me encantan las personas que te saludan con un abrazo).- Chicos, ésta es Ann, la chica nueva de la que os estábamos hablando.
-Hola- dije con esa estúpida voz de niña pequeña que me salía cuando tenía vergüenza.
-Hola, yo soy Arnau – me dijo uno de los chicos sonriéndome. (Tenía una sonrisa preciosa, todo hay que decirlo).
-Y yo Jordi- dijo el chico rubio de ojos azules.
- ¿Y Ernest dónde se ha metido? Siempre tenemos que esperarle- dijo Núria un poco cabreada.
-Tranquila Nú, ya estoy aquí- dijo el que, por lo visto, debía de ser Ernest.
-Hombre, ya era hora- le dijo Arnau.
Ernest saludó a todos y de repente reparó en que había una cara nueva entre sus amigos. Me miró y no sé por qué sentí que mis mejillas se ponían rojas, supongo que sus ojos color miel me calaron un poco, aunque no tenían nada que ver con los ojazos azules de Luís.
-¿Y a esta pelirroja de dónde la habéis sacado?- dijo mientras me sonreía.
- Si hubieras llegado a la hora te habrías enterado de que Ann es una chica nueva de nuestra clase, que se ha mudado hace poco a Barcelona- le dijo Laia.
-Encantado Ann, chica nueva de la clase de Laia y Nú, que se ha mudado hace poco a Barcelona. Yo soy Ernest- me dijo y me dio dos besos.
Intenté decirle algo, pero no me salía la voz, me había puesto nerviosa. Vale, sí, siempre he sido vergonzosa, pero he de reconocer que sentí más vergüenza de la habitual.
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