dijous, 1 de maig del 2014

Cap.2

Cuando me desperté de la siesta ya eran las ocho de la tarde, como no me comenzara a arreglar ya,  llegaría tarde (para variar).
-Al fin te despiertas, Bella Durmiente-dijo mi madre al verme entrar al salón.-¿Cómo ha ido el primer día, cariño?
-Bien, he hablado con un par de chicas muy majas y... me han dicho de salir con ellas esta noche...¿te parece bien?-le dije mientras ponía cara de niña buena, para intentar convencerla.
-Bueno, está bien. Papá y yo también vamos a salir esta noche, sólo espero que  cuando lleguemos a casa tú ya estés aquí,¿de acuerdo?
-Gracias, mami- le dije y le di un beso.
-¿A qué hora has quedado?¿Quieres que te llevemos en coche?
-A las diez. Tranquila mamá, iré en metro.
-Pues ya puedes empezar a arreglarte sino quieres que tus nuevas amigas descubran lo impuntual que eres, y cuidado en el metro.
-Sí, mamá... - le dije mientras me iba a arreglarme.

Me miré al espejo, por mucho que me arreglara mis pequitas hacían que pareciera una niña pequeña. La camisa verde que llevaba me encantaba, pero eso no quitaba que odiara mi cuerpo. Hoy era uno de esos días en los que odiaba mi físico más de lo normal, supongo que tenía algo que ver el hecho de tener que encajar en un grupo nuevo de personas. Intenté sonreírme a mí misma, cogí la chaqueta y salí de casa.

Una vez subí al metro me puse los auriculares y conecté el iPod, miré la hora y ya eran las 21.50, una vez más en mi vida, volvía a llegar tarde.  Tenía como excusa que al ser nueva en Barcelona no me aclaraba con las líneas de metro. No era ninguna mentira, había tardado más de 10 minutos en averiguar cuál de todos esos metros me llevaba a las ramblas. Por suerte, el metro era más rápido de lo que yo pensaba y tan sólo tardé dos canciones en llegar. (Sí, canciones, era mi peculiar forma de calcular el tiempo, en canciones en vez de en minutos.) Subí las escaleras y vi a Núria y Laia hablando con un par de chicos, me acerqué a ellos.

-Hola Ann- se apresuró en decirme Laia nada más verme, y me dio un abrazo. (He de confesar que me encantan las personas que te saludan con un abrazo).- Chicos, ésta es Ann, la chica nueva de la que os estábamos hablando.
-Hola- dije con esa estúpida voz de niña pequeña que me salía cuando tenía vergüenza.
-Hola, yo soy Arnau – me dijo uno de los chicos sonriéndome. (Tenía una sonrisa preciosa, todo hay que decirlo).
-Y yo Jordi- dijo el chico rubio de ojos azules.
- ¿Y Ernest dónde se ha metido? Siempre tenemos que esperarle- dijo Núria un poco cabreada.
-Tranquila Nú, ya estoy aquí- dijo el que, por lo visto, debía de ser Ernest.
-Hombre, ya era hora- le dijo Arnau.

Ernest saludó a todos y de repente reparó en que había una cara nueva entre sus amigos. Me miró y no sé por qué sentí que mis mejillas se ponían rojas, supongo que sus ojos color miel me calaron un poco, aunque no tenían nada que ver con los ojazos azules de Luís.

-¿Y a esta pelirroja de dónde la habéis sacado?- dijo mientras me sonreía.
- Si hubieras llegado a la hora te habrías enterado de que Ann es una chica nueva de nuestra clase, que se ha mudado hace poco a Barcelona- le dijo Laia.
-Encantado Ann, chica nueva de la clase de Laia y Nú, que se ha mudado hace poco a Barcelona. Yo soy Ernest- me dijo y me dio dos besos.

Intenté decirle algo, pero no me salía la voz, me había puesto nerviosa. Vale, sí, siempre he sido vergonzosa, pero he de reconocer que sentí más vergüenza de la habitual.

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