dijous, 9 d’octubre del 2014

Cap. 10

Porque puede que no, que no sea de esas chicas que quitan el hipo al pasar, y tampoco de esas que con una sonrisa alegran el día a cualquiera, porque tal vez tan sólo sea la chica que siempre llega a deshora, un poco -o mucho- más tarde de cuando debería llegar.

No, tampoco soy de esas chicas que se maquillan un viernes por la noche y salen con su mejor vestido a comerse el mundo, o los labios del primero que pase. Más bien soy de esas que se calzan unas zapatillas, viejas y rotas, se peinan a desgana y nunca ordenan su habitación.

Porque soy propensa a ilusionarme, a querer a quien no me quiere, a escuchar a los demás y a no saber ser escuchada. Porque soy de las que aman la lluvia y también los días de sol, las noches de luna llena y los días en los que brilla el sol.

Soy de esas a las que les da miedo decir adiós, pero aún más decir lo que sienten, de las que no arriesgan por no perder, de las que aman bajo folios y no bajo sábanas, de las que lloran en silencio y escondidas en su habitación.

Así que podríamos decir que soy propensa al desastre, a no saber querer, o al menos a no saber cómo ser querida.

No espero que mañana aparezca Ernest por esa puerta y me diga que no la quiere a ella, que él me quiere a mí. O puede que sí, que sí que lo espere aunque sepa que no va a pasar. Porque se me da de puta madre eso de autoengañarme y creerme mis propias mentiras. Porque puede que siga pensando que todo el mundo es bueno y que nadie quiere herir, tan sólo amar.

Igual debería escribirle y decirle que me apetece verle, que echo de menos esa sonrisa, que me encanta escuchar sus historias. Igual no debería hacerlo, porque yo a él no le importo, porque así sólo conseguiré hacerme más daño, porque debería olvidarle de una vez y seguir adelante, aunque la vida duela sin él.

Las ganas me pueden, la nostalgia y los te quieros que le debo me obligan a coger el móvil y tragarme todo mi orgullo, porque sí, porque quiero verle, porque hoy prefiero arriesgar.

Ernest, ¿cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos, últimamente no sé nada de ti. A ver cuándo quedamos aunque sea a hacernos un café y nos ponemos al día. Besitos.

Y ahora a esperar, a ver si por una noche los sueños se hacen realidad.

diumenge, 14 de setembre del 2014

Cap. 9

Igual era el momento de dejarlo estar, si había vuelto con su novia era porque realmente la quería, y contra el amor nada se puede hacer. Lo sabía, sabía de sobra que no podía evitar que él la quisiera, al igual que yo no podía evitar quererle a él.

-Ann, ¿vamos?- era Laia, por un momento había olvidado que estaba en clase, y ella sentada a mi lado.
- ¿Qué?
- Que si vamos al patio, hace cinco minutos que ha sonado el timbre.
- Ah, sí, claro. -recogí mis cosas lo más rápido que pude, y me colgué la mochila en los hombros.
- Anna, vine ací, vull parlar amb tu.- mi profesora de Matemáticas seguía en la clase y, al parecer, quería hablar conmigo.

Me acerqué a su mesa. Me preguntó que qué me pasaba, ya que normalmente solía estar muy atenta en sus clases, porque las mates siempre fueron mi asignatura favorita, por muy raro que parezca. Supongo que soy rara hasta para eso. Conseguí hacerle creer que se debía a que había dormido mal y me dirigí al patio con Laia y Nú. A ellas también tuve que hacerles creer que lo único que me pasaba era que tenía sueño. La mañana se pasó muy lenta, pero finalmente sonó el timbre que indicaba que era hora de volver a casa, me fui lo más rápido que pude y en cuanto llegué a casa me encerré en mi habitación y me puse a dormir.



Abrí los ojos, 19:38, hora de levantarse. Bajé las escaleras y entré en la cocina para prepararme un té. Mientras esperaba que el agua se calentara en el microondas sonó el telefonillo, era Laia.

- Buenas tardes, Bella Durmiente.
- ¿Qué haces aquí?
- No soy tonta, sé que hoy te pasaba algo, y no me voy de aquí hasta que no me cuentes el qué.
- Creo que  me gusta.
- ¿De qué me hablas?
- Que creo que me gusta. Ernest. Me gusta Ernest.
- ¿Y eso es algo malo? Igual parece muy frío, pero tú le caes bien, y eres muy guapa, y yo creo que se lo intentas...
- Ha vuelto con su ex. Me lo contó ayer.
- ¿Con Elena? Pero si ella vive en Madrid, y ya hace tiempo que...
- Da igual, quiere volverlo a intentar con ella.
- ¿Quieres que hable con él?
- No, ya ha tomado una decisión y hay que respetarla.
- Anda, ven.- abrió los brazos y me rodeó con ellos. Me abrazó tan fuerte que no pude aguantar más, y se me escaparon un par de lágrimas.
- Gracias, ya estoy mejor.
- T'estime, petita. Si no quieres salir esta noche nos quedamos aquí tú y yo, hacemos una pizza y vemos una peli, o hacemos un karaoke, o lo que te apetezca hacer.
- Tranquila, no te preocupes, salimos como cualquier otro viernes, no se va a parar el mundo por esto. Pero me ha gustado la idea de que te quedes a dormir aquí, podríamos decírselo a Nú también  y organizarlo para mañana o el finde que viene.
- Estupendo. Le diré a Albert que venga y se traiga a un par de amigos, y ya verás lo rápido que se te pasa lo de Ernest.
- Guay.

Pero puede que no, que no se me fuera a pasar tan rápido, porque a lo mejor me importaba de verdad, porque se me da mal eso de olvidar, porque una vez me engancho no sé soltarme. Y puede que sí, que el mundo tal vez sí se paró, y si no lo hizo, se volvió repetitivo, pesado y difícil de entender. Puede que las mañanas fueran sencillas, pero las noches me superaban, por mucho Extremo que hubiera en mis oídos. Y es que, comencé a ser consciente de mis sentimientos, y qué putada.

dimecres, 13 d’agost del 2014

Cap. 8


Abrí la puerta y ahí estaba él. Llevaba el pelo más largo que la última vez que le había visto y una barba de un par de días que le daba un aire hippie muy atractivo y resaltaba sus ojos. Me sonrió y no pude reprimir una sonrisa de vuelta.

- Cuánto tiempo, Anna-dijo, y me abrazó.
- Sí- demasiado, pensé.
- Hala, qué casa más grande.
- Tampoco es para tanto, chico.
En ese momento se abrió la puerta y entró papá, que volvía de trabajar.
-Hola pitufa.
- Hola papi -dije, mientras notaba cómo se me enrojecían las mejillas, ya que me imaginé su reacción al enterarse de que Ernest estaba en casa.
- Hola, encantado señor, yo soy Ernest, un amigo de su hija.
-Vaya, no sabía que teníamos visita. Un placer, Ernest. Anneta, ¿no le piensas ofrecer nada a nuestro invitado?
- Ya voy, jope. ¿Quieres tomar algo?
- Vale -dijo, con esa bonita sonrisa.
- ¿Un té?
- Un té va bien.
- Pues siéntate en el salón, ahora vengo.
- Bueno, ¿y a qué curso vas? -escuché decir a mi padre mientras me dirigía a la cocina.

Pobre Ernest, pensé mientras me reía al escuchar trozos de la conversación entre ambos. Diez minutos después mi padre salió a correr, y como mamá no volvía hasta tarde nos quedamos la casa para nosotros dos, solos.

Me senté en el sofá con él y le pregunté por las vacaciones que se habían tomado él, Jordi y Arnau.
Me explicó mil y una historias hasta que finalmente dijo:
- Y el último fin de semana me fui a Madrid.
- ¿A Madrid? ¿Sin ellos?
- Sí, fui a ver a una amiga... bueno, a mi ex.

- Ah, qué bien- dije mientras se me formaba un nudo en la garganta.
-Sí.
¿Cómo que sí? La gente normalmente no va a ver a sus exs, a no ser que sigan siendo amigos, pero por lo que me contó Laia habían acabado muy mal y...
- Y voy a volver con ella.
- Ah, me alegro -intenté sonreír.
- Sé que será complicado porque ella vive en Madrid y yo aquí pero intentaré que nos veamos a menudo. Eres la primera persona a la que se lo cuento y no sé, gracias por escucharme.
- Gracias a ti por confiar en mí, ahora vengo.

Me metí en el baño y me puse a llorar. Como no conseguía sentirme mejor le dije que me encontraba mal y que prefería dejar las clases de Italiano para otro momento.

La cosa fue  a peor cuando volvió papá y me habló de lo bien que le había caído Ernest. Y todavía más cuando le habló de él a mamá y ella comenzó a hacer ese tipo de preguntas que hacen las madres cuando creen que te gusta un chico. Me fui a dormir lo antes posible y pensé que al menos, quedaban tan sólo 24 horas para la noche de viernes y tal vez un par de chupitos me animarían... o no.

dilluns, 23 de juny del 2014

Cap. 7

Al fin sonó el timbre que ponía fin a las clases de ese jueves del mes de Octubre. El tiempo había pasado muy rápido desde aquel primer día que pisé el suelo de mi nuevo hogar, desde la primera vez que la sonrisa de Laia había conseguido que confiara de nuevo en alguien, desde la primera vez que mis mejillas enrojecieron al ver esos ojos color miel, esos que ya hacía tres semanas que no veía.

Ernest, Jordi y Arnau habían decidido pasar un par de semanas de vacaciones ya que las clases en la universidad no habían comenzado todavía. Mientras bajábamos las escaleras del instituto recordé la última vez que lo había visto, me prometió que vendría a despedirse antes de irse, pero finalmente me dijo que tenía que preparar las maletas y que ya quedaríamos en otra ocasión. Suspiré.

Un chillido me sacó de mis pensamientos. Núria corrió hacia la puerta al ver a Arnau. Después de saludarla a ella se acercó a saludarnos a Laia y a mí y nos ofreció llevarnos a casa en coche. Nos contó cómo había ido el viaje.

- ¿Y Jordi dónde se ha metido?- preguntó Laia, incapaz de disimular su interés por él.
- En casa, durmiendo, si queréis os podéis venir y así le despertamos.
- Mejor déjalo que descanse, Jordi recién levantado no es precisamente la persona más agradable.
- Uy, cómo lo sabes eh pillina- le dijo Arnau con una sonrisita burlona.

Laia miró hacia otro lado y yo intenté disimular mi risa, aunque he de reconocer que ver a Laia tan nerviosa me resultó gracioso.

- Ann, por cierto, Ernest me ha pedido que te diga que si quieres podéis comenzar las clases de Italiano en cualquier momento- dijo Arnau, con una sonrisa similar a la que le había soltado a Laia minutos a atrás.
- ¿Qué clases? Yo de esto no sabía nada -dijo Núria.

Menos mal que en ese instante llegamos a la esquina en la que Arnau nos dejaba a Laia y a mí, salimos del coche y seguimos nuestro camino a pie.

- Oye, entiendo que a Nú no le cuentes nada, pero yo soy de confianza, Ann.
- No pensé que Ernest se fuera a tomar en serio lo de las clases de italiano, sólo era una broma.
- Pues me parece que él no se lo tomó a broma.
- A ver, no era una broma, pero no pensé que lo fuera a cumplir de verdad.
- Ernest siempre cumple. Si no fuera por su impuntualidad y porque es un soso, sería el chico perfecto.
- (Lo es)-pensé.
- Bueno, mañana nos vemos, t'estimo- dijo Laia dándome un abrazo y cruzando a la acera de enfrente, donde estaba su casa.

Conecté el iPod, le di al aleatorio y con Camals Mullats de la Gossa Sorda como fondo de mis pensamientos seguí calle arriba. Decidí mandarle un mensaje a Ernest para ver si realmente iba en serio lo de las clases.

"Ernest, ¿de verdad que me darías clases de italiano? No quiero ser ninguna molestia, encima ahora que empiezas con la universidad no quiero quitarte mucho tiempo. Podemos dejarlo estar. No tiene mayor importancia, en serio. Aunque me encantaría pasar más tiempo contigo y así tener la oportunidad de conocerte." Borré la última frase y le di al botón de Enviar.

Cuando desperté de la siesta tenía un WhatsApp suyo que decía:
"No eres ninguna molestia, Anna. Hay tiempo para todo en la vida (a no ser que estemos en época de exámenes, pero no es el caso). Si quieres podemos empezar las clases hoy mismo. ¿En mi casa o en la tuya? Vale, igual eso último no ha sonado muy bien haha."  Aunque la verdad es que eso último sonaba genial. Sonreí.

"Ven." escribí, y media hora después sonó el timbre. Y debo reconocer que este timbre me hizo mucho más feliz que el del instituto a mediodía (y mira que eso ya era difícil).

dimecres, 18 de juny del 2014

Cap. 6

Olía a café y sonaba Let her go en la radio. Laia subió la persiana, dejando así entrar unos rayos en la habitación.
-Bon dia, carinyet- me dijo tras darme un beso en la frente y acercarme una taza de café.
-Buenos días Laieta, tú y yo tenemos una charla pendiente, eh.

Se sentó a mi lado, en la cama, y me habló de lo que había pasado la noche anterior con Abel. Me explicó que había sido sólo cosa de una noche, que por mucho que le doliera, ya no creía en eso del amor, y no porque no lo sintiera, sino porque lo odiaba, odiaba depender de una persona, de una persona para la que jamás serás lo suficiente buena. Prefería eso, salir de fiesta un día y dejar que pasara lo que tuviera que pasar, y olvidarse a la mañana siguiente de esa cara antes de que le llegara a calar.

-Entonces, ¿entre Jordi y tú no hay nada?
- Qué va, Jordi es de enamorarse un viernes y olvidarse un lunes. Cada semana una chica diferente, ya sabes.
- ¿Pero tú no sientes nada por él?
- Te mentiría si te dijera que no.
- ¿Y nunca lo has intentando? O sea, ¿él sabe que tú sientes algo por él?
- Créeme, no serviría de nada. Tanto para Jordi como para Arnau y Ernest soy una hermana pequeña, nunca se plantearían tener nada conmigo, ni yo con ellos.
- Yo creo que tendrías que intentarlo, aunque puedas perder es mejor que quedarse con la duda.
-¿Y arriesgarme a perderlo para siempre? Ann, Jordi es mi amigo ante todo, mi mejor amigo, y yo no quiero que eso cambie. Mejor vamos a dejarlo estar, ¿vale?
- Como quieras.

Noté como sus ojos se encharcaban, como intentaba tragar saliva para deshacer ese nudo que se nos forma en la garganta momentos antes de romper a llorar. La abracé. Rompió a llorar. Y lloré con ella, porque la entendía, conocía perfectamente esa sensación. No dije nada, y ella tampoco. Hay veces que las palabras no son necesarias, hay veces que con un abrazo ya está todo dicho.

- Gracias, Ann.
- No he hecho nada.
-Abrazarme, hacía tiempo que nadie lo hacía, no al menos un abrazo de verdad. Y créeme, lo necesitaba.
- Vales mucho, Laia.
- Bueno, ya está. Ya estoy mejor. A ver, ahora explícame cómo fue la noche ayer. Siento haberte dejado con Ernest, sé que no es precisamente el alma de la fiesta.
- La verdad es que me lo pasé bastante bien, bueno, menos cuando se puso a hablar con esas dos chicas y me dejó tirada, y acabé sola en la barra del pub.
- Las chicas suelen acercarse a él, y no me extraña, pero si hubieras vuelto él hubiera dejado de hablar con ellas. Ernest no es de liarse con la primera que conoce un sábado por la noche, es más de relaciones largas. Además, desde que rompió con Elena no ha vuelto a estar con ninguna chica.
- ¿Elena?
- Sí, su ex. Llevaban dos años juntos, pero bueno, todo se acaba. Ya han pasado más de seis meses desde que ella le dejó y se fue a Madrid, hasta hace poco él estaba hecho polvo, pero ahora ya casi ni la nombra.

Ahora era yo la que tenía un nudo en la garganta que no podía deshacer. Supuse que él seguía queriéndola, que si ella no se hubiera ido a Madrid seguirían juntos, que no quería nada serio con ninguna otra chica, y menos conmigo.

dimarts, 10 de juny del 2014

Cap. 5


Ya eran más de las 11 de la noche y Ernest seguía sin aparecer. Laia comenzaba a cansarse de esperar, yo sentía un dolor que ya no sabía cómo disimular. Mientras Laia marcaba su número de teléfono por duodécima vez yo intentaba deshacer el nudo que se había formado en mi garganta.
-Ann, no sé tú, pero yo ya estoy harta de esperar. ¿Cogemos un taxi y nos vamos a mi casa?
En blanco, así me quedé. No, no quería irme, pero tampoco servía de mucho seguir esperando. Tragué saliva y
-Hola chicas, perdón por el retraso, he tenido que ir a la estación a por éste- dijo Ernest, sorprendiéndonos por detrás, acompañado de un chico alto y muy guapo, que resultó ser su primo.

Fuimos a cenar al Hard Rock y más tarde a un par de pubs que estaban cerca de allí.

Laia parecía haber congeniado muy bien con Abel, el primo de Ernest, así que decidimos dejarles un poco de intimidad.

Entre Ernest y yo se produjo un silencio incómodo, me miró y me sonrío. Sentí algo extraño en mi barriga, aunque sinceramente no sé si fue por su mirada o las copas de más.
-Ahora vengo, voy al baño -le dije.
-¿Te encuentras bien?
- Sí, tranquilo.
Me quedé un rato en el baño, hasta que me encontré un poco mejor y me prometí a mí misma que ya estaba bien de chupitos y cubatas en lo que quedaba de noche.
Cuando salí del baño no veía por ninguna parte a Ernest y mucho menos a Laia y Abel. Finalmente localicé a Ernest hablando con un par de chicas, así que decidí quedarme al margen y volver a la barra, aunque minutos atrás me hubiera prometido justo lo contrario.


-Venga, dime qué quieres, que a esta ronda invita la casa -me dijo un camarero que, dicho sea de paso, era guapísimo.
-Va, ponme un chupito.
-¿De qué, preciosa?
- De lo más fuerte que tengas.
-¿Y eso? ¿Problemas?
- Algo así.
- ¿Necesitas hablar?
- No, necesito olvidar-dije, intentando poner fin a la conversación y así poder aislarme en mis pensamientos.

Cinco chupitos más tarde, Ernest volvió.
-¿Me lo parece a mí o no eres capaz ni de mantenerte en pie?
-Hombre, si has vuelto y todo. Pensaba que ya tenías con quién pasar la noche-dije, casi sin darme cuenta.
-¿Eso son celos,  Ann?
-Más quisieras.
Justo después de terminar la frase bebí un chupito más y noté como todo a mi alrededor daba demasiadas vueltas.
Ernest se dio cuenta, me cogió del brazo y me llevó afuera.

-¿Te encuentras ya mejor?- escuché de repente, como si por un momento hubiera perdido el contacto con el mundo exterior.
-Sí, creo. Siento haberte fastidiado la noche.
-¿Fastidiar? ¿Qué dices? Con lo graciosa que estabas contándome esas historias.
-¿Qué? ¿Qué historias?
-Ernest, tendríamos que volver ya a casa, no quiero dejar de ser el sobrino favorito de tu madre - dijo Abel, que volvía acompañado de Laia.
-¿Nos vamos nosotras también? -me preguntó Laia.
-Yo creo que aquí a nuestra amiga le iría bien una buena cama donde dormir, cuidamela eh Laieta -dijo Ernest, dándome un beso en la mejilla y alejándose hacia la moto con Abel.

Llegamos a casa de Laia, y decidimos dejar nuestra charla para la mañana siguiente, ya que el cansancio podía con nosotras.

diumenge, 25 de maig del 2014

Cap. 4

Escuché esa bonita canción de Rayden que tenía como melodía de llamada en el móvil. Cuando reaccioné me di cuenta de que eran las 10:30 de la mañana y de que tenía al menos seis llamadas perdidas de Laia. Abrí el WhatsApp aún un poco dormida, ya que para mí despertarme un sábado antes de las 12 era sinónimo de madrugar. Tenía varios mensajes de mi mejor amiga, con la cual no había hablado casi desde que me mudé y de un par de amigas más de Valencia. También tenía unos cuantos mensajes de un grupo nuevo que, a pesar de tener únicamente el número de Laia, supuse que eran Núria, Jordi, Ernest y Arnau. Y, como no, unos veinte mensajes de Laia diciéndome que a las 11 pasaba a por mí para ir a la playa. ¡ES VERDAD, YA NO ME ACORDABA DE QUE HABÍAMOS QUEDADO PARA IR A LA PLAYA! Me arreglé lo más rápido que pude y tras informar a papá y a mamá bajé al portal de mi nueva finca, donde Laia me esperaba.

- Buenos días, marmota- me dijo Laia tras darme un abrazo.
- Bon dia, Laieta.
- Estos ya estarán llegando, vienen a recogernos en coche.
- ¿Y cabemos los seis?
- No, pero Núria hoy no viene, se ha ido todo el fin de semana a Cornellà con sus abuelos.
- Ah, vale.
- Habrás cogido crema solar,¿no? Con lo blanquita que eres no me extrañaría que volvieras siendo un tomatito.
- Oye jo, te recuerdo que en Valencia también tenemos playa, eh- dije segundos antes de escuchar a Arnau pegando un pitido y diciéndonos que subiéramos al coche.


Subimos al coche y ahí estaban Arnau y Jordi, aunque no había  ni rastro de Ernest.
-¿Dónde se ha metido este chico? ¿Ya vuelve a llegar tarde?- preguntó Laia.
-Ya sabes que siempre se duerme, ha dicho que acudirá allí directamente con su moto.

Poco a poco, iba hablando más con ellos. Y gracias al trayecto en coche descubrí que Arnau escuchaba la misma música que yo. Tenía un CD lleno de canciones de Txarango y Obrint Pas, dos de mis grupos favoritos.

- Hombre, buenos días princeso - le dijo Jordi a Ernest al verlo esperándonos en la arena.
- Hola chicos, habéis tardado en llegar, eh.
- Aquí la amiga es igual de dormilona que tú- dijo Arnau pasándome un brazo por encima del hombro.
- Al fin alguien que me entiende- dijo Ernest, y me lanzó una de sus sonrisas torcidas, de esas que resultan irresistibles.

Nos tumbamos un rato a tomar el sol, aunque no pude aguantar mucho tiempo sin meterme al agua. Laia me acompañó, y dejamos a los tres tomando el sol. Nunca me hubiera imaginado en la playa con tres chicos tan guapos, de esos que cuando vas paseando por la orilla del mar llaman tu atención y no puedes quitarles ojo de encima, hasta que te clavas un erizo en la planta del pie, o te chocas con una alga, o cosas de esas que sólo le pasan a la gente torpe como yo.

- ¿Preparada para tu primera noche de fiesta en Barna, Ann?
- Por supuesto que sí, Laia. Aunque no creo que mis padres me dejen volver a casa más tarde de las dos.
- Tranquila, ya había pensando en ese posible problema. Por suerte, mis padres se han ido este finde a un Spa, y nos han dejado solos a mi hermano y a mí.
- Qué suerte, pero eso no cambia nada.
- Espera impaciente, déjame acabar la historia. Había pensado que te podrías venir a dormir a mi casa. Albert puede hacerse pasar por mi padre si hace falta convencerlos.

- ¿Albert es tu hermano?
- Sí, pero ten cuidado, está muy bueno y no quiero que acabes perdidamente enamorada de él.
- Bueno, eso ya se verá. Hablando de tíos buenos, ¿hay algo entre Jordi y tú?
- ¿Y estas confianzas?
- Perdona Laia, tienes razón...- dije tremendamente avergonzada, pero ella echó a reír antes de que acabase la frase.
- Es broma, tonta. Ya te contaré luego en mi casa, ¿vale?
- Estupendo.
- Aunque yo también tengo algunas preguntitas preparadas para ti, eh bonita.

En ese momento entraron Jordi, Ernest y Arnau al agua. Nos pasamos un par de horas haciendo el tonto, y después volvimos a la arena. Jordi, Laia y Arnau se quedaban a comer en la playa. Yo no podía, porque tenía comida familiar. Por suerte, Ernest también se iba a casa, y me ofreció llevarme en moto. Nos despedimos de los demás, y quedamos con Laia a las 22h en Plaça Catalunya, como habíamos hablado la noche anterior.

Ernest tenía la moto aparcada justo en la otra punta de la Barceloneta, así que tuvimos que andar unos 10 minutos hasta allí.

-Bueno, háblame de ti, a penas nos conocemos- me dijo, y noté cómo mis mejillas se enrojecían mientras yo trataba de buscar una respuesta.
- Pues, no hay mucho que contar. Me llamo Ann, he vivido durante 16 años en Valencia, y hace aproximadamente dos semanas me mudé a Barcelona.
- Parece esto una presentación de niños de 6 años que están aprendiendo inglés.
- Lo sé, se me da bastante mal esto de hablar de mí.
- Bueno, ¿me cedes turno entonces?
- Te lo cedo.
- Vale, te cuento. Me gustaría pasar un verano en África, colaborando con alguna ONG, una vez acabe la carrera de Medicina. Luego, me gustaría ir a vivir a Italia, por eso estoy estudiando Italiano. Y, no sé, no hay mucho que contar.
- ¿Sabes hablar italiano? Yo siempre he querido aprender.
- Si quieres te puedo enseñar.
- No estaría mal.
- Perfecto entonces, ya lo iremos hablando. Bueno, ¿y tú qué quieres estudiar?
- No tengo ni idea, si te soy sincera.
- Vale, no quiero someterte a presión, así que mejor cambiemos de tema. Dime, ¿no echas de menos Valencia?
- Sí, la verdad es que sí. Echo de menos a mi hermano, a mis amigas, no sé, echo de menos muchas cosas.
- ¿Algún chico?
- ¿Qué? - dije con esa estúpida voz que me salía cada vez que tenía vergüenza.
- Aquí tienes, tu casco de la moto- dijo él cambiando completamente de tema, como si esa pregunta fuera solamente fruto de imaginación.
- Gracias.
- A ver, ¿dónde quiere ir usted, señorita?
- Vivo a dos calles de casa de Laia, puedes dejarme allí.
- Estupendo, ahora cógete fuerte.
- ¿Así?- dije apoyando mis brazos en sus costados.
- No, así no. Cógete más fuerte, que sino te puedes caer- cogió mis brazos y tiró de mí hacia delante , y sentí como mis mejillas se enrojecían, pero por suerte él no lo vio.

Mientras íbamos en la monto podía sentir el viento rozándonos, y era una sensación increíble, y sonreí. Pero entonces, recordé a Luís, no sé por qué lo hice, pero así fue. Noté como una lágrima caía por mi mejilla al comenzar a recordar todos los momentos que habíamos pasado juntos, pensé que ya sólo eran recuerdos y noté más lágrimas por mis mejillas.

-Bueno, ya hemos llegado- dijo Ernest sacándome de todos mis pensamientos.
- Ah, sí, gracias.
- Espera, te acompaño a casa- dijo bajando de la moto.
- No hace falta- dije con la voz temblorosa, es algo que me solía pasar cuando lloraba.
- Eh, ¿estás bien, Anna?
- Sí, claro.
- ¿Ha sido por lo que he dicho antes? ¿Por lo de algún chico que echas de menos?
- No, no, qué va.
- Mira que no te conozco casi, pero se te da fatal mentir- me dijo, y justo después me abrazó.

Me abrazó y rompí a llorar, y lloré entre sus brazos durante un par de minutos. Y me dijo que lo sentía, porque había metido la pata al preguntarme eso. Y yo le dije que sentía que tuviera que consolarme aún sin a penas conocerme. Y me abrazó con más fuerza, me dijo que no pasaba nada y me dio un beso en la frente. Y después de eso seguimos andando hasta mi portal, me recordó que habíamos quedado con Laia a las 22h, me guiñó un ojo y se fue.

Y las lágrimas desaparecieron. Y sentí una sensación agridulce. Supongo que hay personas con las que, simplemente, conectas. Y consiguen transmitirte confianza, y consiguen hacerte feliz.

dijous, 8 de maig del 2014

Cap. 3

Pasamos por delante del Hard Rock y con tan sólo mirar aquel local se me caía la baba. Núria y Arnau iban unos metros más atrás, parecía que había algo entre ellos, me lo pareció desde el primer momento en que los vi juntos. Laia, Jordi y Ernest caminaban a mi lado y mientras yo seguía embobada mirando la fachada del edificio donde se encontraba el Hard Rock ellos parecían mantener una conversación bastante entretenida.
-¿Tú que piensas Ann? ¿Ann? ¿Hola?- escuché finalmente decir a Laia.
-Eh, ¿qué? Perdona, no estaba muy atenta. ¿Qué decías?
-No sabemos si ir a la pizzería o a un bar de quintos,¿tú qué prefieres?
-Laia, somos dos contra una, no intentes poner a tu nueva amiguita de tu lado- dijo Jordi.
-Perdona, pero yo no estoy intentando poner a nadie de mi lado- contestó algo alterada Laia.
-Ya estamos, siempre igual-dijo Ernest después de soltar una carcajada.-Tranquila Anna, ya te acostumbrarás a las discusiones de estos dos. Se pasan la vida así, pero en el fondo se adoran.

Como no sabía qué decir preferí dejar escapar una risita antes que soltar alguna estupidez y parecer tonta. Pero debo admitir que esa risa de niña irritante no fue muy buena opción.

-Chicos, han abierto un bar nuevo en Carrer de Pelai, ¿vamos?- dijo Arnau y todos parecieron estar de acuerdo con él. Y menos mal, porque sino Laia y Jordi hubieran seguido discutiendo y yo sin saber qué decirle a Ernest.

Cuando acabamos de cenar Núria y Arnau se fueron cada uno a su casa, o al menos eso nos dijeron. Jordi se fue después de un par de cervezas más ya que a la mañana siguiente tenía que ir a trabajar, por lo visto se había pasado el verano trabajando para poder pagarse el alquiler de la casa que compartía con Arnau. Por lo que nos habían contado querían que su vida universitaria se pareciera a la de esas películas americanas y por eso habían decidido emanciparse un mes antes de comenzar el primer año de carrera. Ernest, en cambio, había decidido seguir viviendo con sus padres ya que tenía claro que viviendo con esos dos poco iba a estudiar y medicina era una carrera muy difícil.

-Ahora que estos muermos se han ido, ¿nos vamos de fiesta por las Ramblas o qué?-dijo Laia sonriendo y dejando ver esos hoyuelos tan monos que se le formaban al hacerlo.
-Yo no sé, casi sería mejor que me fuera a casa y os dejara un rato a las dos para que hablarais de vuestras cosas- respondió Ernest.
-¿En serio vas a irte ya? No querrás que Ann descubra lo soso que eres.
-No todos podemos aguantar tu ritmo, Laieta- le dijo él guiñándole un ojo.
-Va, no seáis así.
-Mira, hacemos una cosa. Si hoy me dejáis ser un soso mañana os lo compenso con un plan increíble. ¿Aceptáis?
-Si, pero si nos cuentas ese plan tan “increíble” -dijo irónicamente Laia- que se te ha ocurrido.
-¿Y tú, Anna? ¿Aceptas?
- Vale, va.
-Bien, mañana no contéis con ir a casa a dormir. A las 10 de la noche os quiero ver en la puerta del Hard Rock dispuestas a comer los mejores nachos de todo el mundo.
-¿Y eso es todo?
-No me subestimes, querida Laia, eso es sólo el principio. Si quieres ir de fiesta por las Ramblas sólo tienes que esperar a mañana.
-Vale, trato hecho.
-Por mí perfecto- dije con una sonrisa.
-No hace falta que lo jures, he visto con qué carita mirabas el Hard Rock- me dijo Ernest guiñándome un ojo, esta vez a mí.

Después de esto nos dio dos besos a cada una y se fue. Os aseguro que si se llega a quedar treinta segundos más hubiera visto mis mofletes rojos como tomates. Que me guiñara un ojo y que se hubiera dado cuenta de las ganas que tenía de ir al Hard Rock hizo que me sonrojara y que esbozara una gran sonrisa, de las de verdad, de las que hacía tiempo que no se veían por mi cara. Intenté disimular todas esas sensaciones que ni yo misma podía entender para que Laia no se diera cuenta, y aunque se me de horriblemente mal disimular ella no me dijo nada. Supongo que sí se percató pero prefirió callárselo ya que a penas teníamos confianza. Pasamos un rato más charlando, y después de intercambiar nuestros números de teléfono para quedar a la mañana siguiente para ir a la playa cogimos un taxi para volver a casa. Por suerte, Laia vivía a pocas calles de mi nuevo hogar.

Cuando llegué a casa mis padres aún no habían vuelto, así que decidí hacer un poco de caso a mi móvil y revisar los mensajes de Facebook y WhatsApp. Le envié un par de mensajes a mis amigas, informándoles de cómo iban las cosas por Barcelona, les hablé de Laia, Núria, Jordi, Arnau y Ernest. Aunque a éste último a penas lo mencioné. Finalmente le envié un WhatsApp a Laia agradeciéndole que me hubiera invitado a salir con ellos y me fui a dormir.

Y esto fue tan sólo el principio de un fin de semana estupendo, el primero de muchos.

dijous, 1 de maig del 2014

Cap.2

Cuando me desperté de la siesta ya eran las ocho de la tarde, como no me comenzara a arreglar ya,  llegaría tarde (para variar).
-Al fin te despiertas, Bella Durmiente-dijo mi madre al verme entrar al salón.-¿Cómo ha ido el primer día, cariño?
-Bien, he hablado con un par de chicas muy majas y... me han dicho de salir con ellas esta noche...¿te parece bien?-le dije mientras ponía cara de niña buena, para intentar convencerla.
-Bueno, está bien. Papá y yo también vamos a salir esta noche, sólo espero que  cuando lleguemos a casa tú ya estés aquí,¿de acuerdo?
-Gracias, mami- le dije y le di un beso.
-¿A qué hora has quedado?¿Quieres que te llevemos en coche?
-A las diez. Tranquila mamá, iré en metro.
-Pues ya puedes empezar a arreglarte sino quieres que tus nuevas amigas descubran lo impuntual que eres, y cuidado en el metro.
-Sí, mamá... - le dije mientras me iba a arreglarme.

Me miré al espejo, por mucho que me arreglara mis pequitas hacían que pareciera una niña pequeña. La camisa verde que llevaba me encantaba, pero eso no quitaba que odiara mi cuerpo. Hoy era uno de esos días en los que odiaba mi físico más de lo normal, supongo que tenía algo que ver el hecho de tener que encajar en un grupo nuevo de personas. Intenté sonreírme a mí misma, cogí la chaqueta y salí de casa.

Una vez subí al metro me puse los auriculares y conecté el iPod, miré la hora y ya eran las 21.50, una vez más en mi vida, volvía a llegar tarde.  Tenía como excusa que al ser nueva en Barcelona no me aclaraba con las líneas de metro. No era ninguna mentira, había tardado más de 10 minutos en averiguar cuál de todos esos metros me llevaba a las ramblas. Por suerte, el metro era más rápido de lo que yo pensaba y tan sólo tardé dos canciones en llegar. (Sí, canciones, era mi peculiar forma de calcular el tiempo, en canciones en vez de en minutos.) Subí las escaleras y vi a Núria y Laia hablando con un par de chicos, me acerqué a ellos.

-Hola Ann- se apresuró en decirme Laia nada más verme, y me dio un abrazo. (He de confesar que me encantan las personas que te saludan con un abrazo).- Chicos, ésta es Ann, la chica nueva de la que os estábamos hablando.
-Hola- dije con esa estúpida voz de niña pequeña que me salía cuando tenía vergüenza.
-Hola, yo soy Arnau – me dijo uno de los chicos sonriéndome. (Tenía una sonrisa preciosa, todo hay que decirlo).
-Y yo Jordi- dijo el chico rubio de ojos azules.
- ¿Y Ernest dónde se ha metido? Siempre tenemos que esperarle- dijo Núria un poco cabreada.
-Tranquila Nú, ya estoy aquí- dijo el que, por lo visto, debía de ser Ernest.
-Hombre, ya era hora- le dijo Arnau.

Ernest saludó a todos y de repente reparó en que había una cara nueva entre sus amigos. Me miró y no sé por qué sentí que mis mejillas se ponían rojas, supongo que sus ojos color miel me calaron un poco, aunque no tenían nada que ver con los ojazos azules de Luís.

-¿Y a esta pelirroja de dónde la habéis sacado?- dijo mientras me sonreía.
- Si hubieras llegado a la hora te habrías enterado de que Ann es una chica nueva de nuestra clase, que se ha mudado hace poco a Barcelona- le dijo Laia.
-Encantado Ann, chica nueva de la clase de Laia y Nú, que se ha mudado hace poco a Barcelona. Yo soy Ernest- me dijo y me dio dos besos.

Intenté decirle algo, pero no me salía la voz, me había puesto nerviosa. Vale, sí, siempre he sido vergonzosa, pero he de reconocer que sentí más vergüenza de la habitual.

diumenge, 27 d’abril del 2014

Inici. Cap. 1

-Anna, baja ya a desayunar si no quieres llegar tarde el primer día de clase- dijo papá mientras subía la persiana de mi habitación.

Me desperté un poco desorientada, aún no me había acostumbrado a la nueva casa, a pesar de que ya hacía más de dos semanas que nos habíamos mudado a Barcelona. Era una ciudad preciosa, pero echaba de menos mi antigua casa, mi ciudad, a mis amigos (aunque, por lo visto, ellos no me echaban de menos a mí, ya que ninguno de ellos se había molestado en enviarme un mensaje para saber cómo había ido la mudanza y demás), también echaba de menos al pesado de mi hermano... incluso añoraba mi antiguo instituto.

-Cinco minutitos más, papi...-dije mientras se me escapaba un bostezo.
-Vamos, levanta. Mamá ya se ha ido a trabajar y yo no te puedo esperar mucho tiempo más, te recuerdo que hoy también es mi primer día en el trabajo.
-Vale, ya voy, jope- me levanté un poco enfurruñada (como todas las mañanas) pero fui incapaz de negarme al abrazo de mi padre y a ese besito en la frente que hacía que siguiera sintiéndome una niña pequeña, su niña pequeña.

Mientras papá fue a prepararme el desayuno me arreglé y revisé mi móvil una vez más para ver si tenía algún mensaje de él... no podía creer que después de ese verano tan increíble que habíamos pasado juntos se hubiera olvidado por completo de mí. También seguía sin haber ni rastro de mis amigas, supuse que estarían ocupadas o no sé, no me molesté en darle más vueltas y bajé a desayunar.

Cuando llegué al instituto estaba muy nerviosa, de hecho, creo que era la vez que más nervios sentía en mi vida.  Pregunté al conserje dónde estaba la clase de 1º de bachiller y me dirigí escaleras arriba. Al llegar me senté al lado de una chica bajita y rubita que parecía muy maja.
-Hola, yo soy Laia, ¿tú cómo te llamas?
-Me llamo Anna, pero todos mis amigos me llaman Ann.
-¿Eres de aquí? Es que te noto un acento muy... diferente al mío.
-¿Tanto se me nota? Soy de Valencia.
-VOSOTRAS DOS, CALLAD YA SI NO QUERÉIS EMPEZAR EL CURSO CON MAL PIE- dijo el que, al parecer, era nuestro tutor.

Así que pasamos los siguiente 15 minutos más o menos calladas hasta que el profesor nos repartió el horario y nos dejó libres por lo que quedaba de día (y de semana, ya que era viernes). Al salir, como papá y mamá estaban en el trabajo y no había nadie que me esperara en casa, me quedé con Laia y una amiga suya, que por lo visto también iba a nuestra clase.

-Yo soy Núria- dijo la chica, era muy alta y delgada, y su negra y corta melena hacía que pareciera aún más esbelta.
-Encantada, yo soy Ann.
-¿Cuánto hace que te has mudado a Barna?-me preguntó Laia.
-¿Mudarse? ¿No eres de aquí?- dijo Núria extrañada.
-No, soy de Valencia, y a penas llevo dos semanas aquí-contesté.
-¿Y has hecho ya alguna amistad?
-Qué va, si os soy sincera sois las primeras personas, a parte de mi familia, con las que hablo desde que llegué a aquí.
-Entonces, ¿te gustaría venir esta noche con nosotras a las ramblas? -me ofreció Laia.
-Por mí perfecto-les dije.
-Muy bien, pues a las 22.00 nos vemos en plaza Catalunya.
-Igual, hasta te parece guapo alguno de nuestros amigos-dijo Núria justo antes de que cada una de nosotras tomara un camino diferente.

¿Amigos? ¿Qué amigos? No me apetecía conocer a ningún chico, seguía sin poder sacarme a Luis de la cabeza, aunque desde que acabó el verano no sabía nada él. Por lo visto, él sí había sido capaz de olvidarse de mí.