Escuché esa bonita canción de Rayden que tenía como melodía de llamada en el móvil. Cuando reaccioné me di cuenta de que eran las 10:30 de la mañana y de que tenía al menos seis llamadas perdidas de Laia. Abrí el WhatsApp aún un poco dormida, ya que para mí despertarme un sábado antes de las 12 era sinónimo de madrugar. Tenía varios mensajes de mi mejor amiga, con la cual no había hablado casi desde que me mudé y de un par de amigas más de Valencia. También tenía unos cuantos mensajes de un grupo nuevo que, a pesar de tener únicamente el número de Laia, supuse que eran Núria, Jordi, Ernest y Arnau. Y, como no, unos veinte mensajes de Laia diciéndome que a las 11 pasaba a por mí para ir a la playa. ¡ES VERDAD, YA NO ME ACORDABA DE QUE HABÍAMOS QUEDADO PARA IR A LA PLAYA! Me arreglé lo más rápido que pude y tras informar a papá y a mamá bajé al portal de mi nueva finca, donde Laia me esperaba.
- Buenos días, marmota- me dijo Laia tras darme un abrazo.
- Bon dia, Laieta.
- Estos ya estarán llegando, vienen a recogernos en coche.
- ¿Y cabemos los seis?
- No, pero Núria hoy no viene, se ha ido todo el fin de semana a Cornellà con sus abuelos.
- Ah, vale.
- Habrás cogido crema solar,¿no? Con lo blanquita que eres no me extrañaría que volvieras siendo un tomatito.
- Oye jo, te recuerdo que en Valencia también tenemos playa, eh- dije segundos antes de escuchar a Arnau pegando un pitido y diciéndonos que subiéramos al coche.
Subimos al coche y ahí estaban Arnau y Jordi, aunque no había ni rastro de Ernest.
-¿Dónde se ha metido este chico? ¿Ya vuelve a llegar tarde?- preguntó Laia.
-Ya sabes que siempre se duerme, ha dicho que acudirá allí directamente con su moto.
Poco a poco, iba hablando más con ellos. Y gracias al trayecto en coche descubrí que Arnau escuchaba la misma música que yo. Tenía un CD lleno de canciones de Txarango y Obrint Pas, dos de mis grupos favoritos.
- Hombre, buenos días princeso - le dijo Jordi a Ernest al verlo esperándonos en la arena.
- Hola chicos, habéis tardado en llegar, eh.
- Aquí la amiga es igual de dormilona que tú- dijo Arnau pasándome un brazo por encima del hombro.
- Al fin alguien que me entiende- dijo Ernest, y me lanzó una de sus sonrisas torcidas, de esas que resultan irresistibles.
Nos tumbamos un rato a tomar el sol, aunque no pude aguantar mucho tiempo sin meterme al agua. Laia me acompañó, y dejamos a los tres tomando el sol. Nunca me hubiera imaginado en la playa con tres chicos tan guapos, de esos que cuando vas paseando por la orilla del mar llaman tu atención y no puedes quitarles ojo de encima, hasta que te clavas un erizo en la planta del pie, o te chocas con una alga, o cosas de esas que sólo le pasan a la gente torpe como yo.
- ¿Preparada para tu primera noche de fiesta en Barna, Ann?
- Por supuesto que sí, Laia. Aunque no creo que mis padres me dejen volver a casa más tarde de las dos.
- Tranquila, ya había pensando en ese posible problema. Por suerte, mis padres se han ido este finde a un Spa, y nos han dejado solos a mi hermano y a mí.
- Qué suerte, pero eso no cambia nada.
- Espera impaciente, déjame acabar la historia. Había pensado que te podrías venir a dormir a mi casa. Albert puede hacerse pasar por mi padre si hace falta convencerlos.
- ¿Albert es tu hermano?
- Sí, pero ten cuidado, está muy bueno y no quiero que acabes perdidamente enamorada de él.
- Bueno, eso ya se verá. Hablando de tíos buenos, ¿hay algo entre Jordi y tú?
- ¿Y estas confianzas?
- Perdona Laia, tienes razón...- dije tremendamente avergonzada, pero ella echó a reír antes de que acabase la frase.
- Es broma, tonta. Ya te contaré luego en mi casa, ¿vale?
- Estupendo.
- Aunque yo también tengo algunas preguntitas preparadas para ti, eh bonita.
En ese momento entraron Jordi, Ernest y Arnau al agua. Nos pasamos un par de horas haciendo el tonto, y después volvimos a la arena. Jordi, Laia y Arnau se quedaban a comer en la playa. Yo no podía, porque tenía comida familiar. Por suerte, Ernest también se iba a casa, y me ofreció llevarme en moto. Nos despedimos de los demás, y quedamos con Laia a las 22h en Plaça Catalunya, como habíamos hablado la noche anterior.
Ernest tenía la moto aparcada justo en la otra punta de la Barceloneta, así que tuvimos que andar unos 10 minutos hasta allí.
-Bueno, háblame de ti, a penas nos conocemos- me dijo, y noté cómo mis mejillas se enrojecían mientras yo trataba de buscar una respuesta.
- Pues, no hay mucho que contar. Me llamo Ann, he vivido durante 16 años en Valencia, y hace aproximadamente dos semanas me mudé a Barcelona.
- Parece esto una presentación de niños de 6 años que están aprendiendo inglés.
- Lo sé, se me da bastante mal esto de hablar de mí.
- Bueno, ¿me cedes turno entonces?
- Te lo cedo.
- Vale, te cuento. Me gustaría pasar un verano en África, colaborando con alguna ONG, una vez acabe la carrera de Medicina. Luego, me gustaría ir a vivir a Italia, por eso estoy estudiando Italiano. Y, no sé, no hay mucho que contar.
- ¿Sabes hablar italiano? Yo siempre he querido aprender.
- Si quieres te puedo enseñar.
- No estaría mal.
- Perfecto entonces, ya lo iremos hablando. Bueno, ¿y tú qué quieres estudiar?
- No tengo ni idea, si te soy sincera.
- Vale, no quiero someterte a presión, así que mejor cambiemos de tema. Dime, ¿no echas de menos Valencia?
- Sí, la verdad es que sí. Echo de menos a mi hermano, a mis amigas, no sé, echo de menos muchas cosas.
- ¿Algún chico?
- ¿Qué? - dije con esa estúpida voz que me salía cada vez que tenía vergüenza.
- Aquí tienes, tu casco de la moto- dijo él cambiando completamente de tema, como si esa pregunta fuera solamente fruto de imaginación.
- Gracias.
- A ver, ¿dónde quiere ir usted, señorita?
- Vivo a dos calles de casa de Laia, puedes dejarme allí.
- Estupendo, ahora cógete fuerte.
- ¿Así?- dije apoyando mis brazos en sus costados.
- No, así no. Cógete más fuerte, que sino te puedes caer- cogió mis brazos y tiró de mí hacia delante , y sentí como mis mejillas se enrojecían, pero por suerte él no lo vio.
Mientras íbamos en la monto podía sentir el viento rozándonos, y era una sensación increíble, y sonreí. Pero entonces, recordé a Luís, no sé por qué lo hice, pero así fue. Noté como una lágrima caía por mi mejilla al comenzar a recordar todos los momentos que habíamos pasado juntos, pensé que ya sólo eran recuerdos y noté más lágrimas por mis mejillas.
-Bueno, ya hemos llegado- dijo Ernest sacándome de todos mis pensamientos.
- Ah, sí, gracias.
- Espera, te acompaño a casa- dijo bajando de la moto.
- No hace falta- dije con la voz temblorosa, es algo que me solía pasar cuando lloraba.
- Eh, ¿estás bien, Anna?
- Sí, claro.
- ¿Ha sido por lo que he dicho antes? ¿Por lo de algún chico que echas de menos?
- No, no, qué va.
- Mira que no te conozco casi, pero se te da fatal mentir- me dijo, y justo después me abrazó.
Me abrazó y rompí a llorar, y lloré entre sus brazos durante un par de minutos. Y me dijo que lo sentía, porque había metido la pata al preguntarme eso. Y yo le dije que sentía que tuviera que consolarme aún sin a penas conocerme. Y me abrazó con más fuerza, me dijo que no pasaba nada y me dio un beso en la frente. Y después de eso seguimos andando hasta mi portal, me recordó que habíamos quedado con Laia a las 22h, me guiñó un ojo y se fue.
Y las lágrimas desaparecieron. Y sentí una sensación agridulce. Supongo que hay personas con las que, simplemente, conectas. Y consiguen transmitirte confianza, y consiguen hacerte feliz.