dimarts, 10 de juny del 2014
Cap. 5
Ya eran más de las 11 de la noche y Ernest seguía sin aparecer. Laia comenzaba a cansarse de esperar, yo sentía un dolor que ya no sabía cómo disimular. Mientras Laia marcaba su número de teléfono por duodécima vez yo intentaba deshacer el nudo que se había formado en mi garganta.
-Ann, no sé tú, pero yo ya estoy harta de esperar. ¿Cogemos un taxi y nos vamos a mi casa?
En blanco, así me quedé. No, no quería irme, pero tampoco servía de mucho seguir esperando. Tragué saliva y
-Hola chicas, perdón por el retraso, he tenido que ir a la estación a por éste- dijo Ernest, sorprendiéndonos por detrás, acompañado de un chico alto y muy guapo, que resultó ser su primo.
Fuimos a cenar al Hard Rock y más tarde a un par de pubs que estaban cerca de allí.
Laia parecía haber congeniado muy bien con Abel, el primo de Ernest, así que decidimos dejarles un poco de intimidad.
Entre Ernest y yo se produjo un silencio incómodo, me miró y me sonrío. Sentí algo extraño en mi barriga, aunque sinceramente no sé si fue por su mirada o las copas de más.
-Ahora vengo, voy al baño -le dije.
-¿Te encuentras bien?
- Sí, tranquilo.
Me quedé un rato en el baño, hasta que me encontré un poco mejor y me prometí a mí misma que ya estaba bien de chupitos y cubatas en lo que quedaba de noche.
Cuando salí del baño no veía por ninguna parte a Ernest y mucho menos a Laia y Abel. Finalmente localicé a Ernest hablando con un par de chicas, así que decidí quedarme al margen y volver a la barra, aunque minutos atrás me hubiera prometido justo lo contrario.
-Venga, dime qué quieres, que a esta ronda invita la casa -me dijo un camarero que, dicho sea de paso, era guapísimo.
-Va, ponme un chupito.
-¿De qué, preciosa?
- De lo más fuerte que tengas.
-¿Y eso? ¿Problemas?
- Algo así.
- ¿Necesitas hablar?
- No, necesito olvidar-dije, intentando poner fin a la conversación y así poder aislarme en mis pensamientos.
Cinco chupitos más tarde, Ernest volvió.
-¿Me lo parece a mí o no eres capaz ni de mantenerte en pie?
-Hombre, si has vuelto y todo. Pensaba que ya tenías con quién pasar la noche-dije, casi sin darme cuenta.
-¿Eso son celos, Ann?
-Más quisieras.
Justo después de terminar la frase bebí un chupito más y noté como todo a mi alrededor daba demasiadas vueltas.
Ernest se dio cuenta, me cogió del brazo y me llevó afuera.
-¿Te encuentras ya mejor?- escuché de repente, como si por un momento hubiera perdido el contacto con el mundo exterior.
-Sí, creo. Siento haberte fastidiado la noche.
-¿Fastidiar? ¿Qué dices? Con lo graciosa que estabas contándome esas historias.
-¿Qué? ¿Qué historias?
-Ernest, tendríamos que volver ya a casa, no quiero dejar de ser el sobrino favorito de tu madre - dijo Abel, que volvía acompañado de Laia.
-¿Nos vamos nosotras también? -me preguntó Laia.
-Yo creo que aquí a nuestra amiga le iría bien una buena cama donde dormir, cuidamela eh Laieta -dijo Ernest, dándome un beso en la mejilla y alejándose hacia la moto con Abel.
Llegamos a casa de Laia, y decidimos dejar nuestra charla para la mañana siguiente, ya que el cansancio podía con nosotras.
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