Olía a café y sonaba Let her go en la radio. Laia subió la persiana, dejando así entrar unos rayos en la habitación.
-Bon dia, carinyet- me dijo tras darme un beso en la frente y acercarme una taza de café.
-Buenos días Laieta, tú y yo tenemos una charla pendiente, eh.
Se sentó a mi lado, en la cama, y me habló de lo que había pasado la noche anterior con Abel. Me explicó que había sido sólo cosa de una noche, que por mucho que le doliera, ya no creía en eso del amor, y no porque no lo sintiera, sino porque lo odiaba, odiaba depender de una persona, de una persona para la que jamás serás lo suficiente buena. Prefería eso, salir de fiesta un día y dejar que pasara lo que tuviera que pasar, y olvidarse a la mañana siguiente de esa cara antes de que le llegara a calar.
-Entonces, ¿entre Jordi y tú no hay nada?
- Qué va, Jordi es de enamorarse un viernes y olvidarse un lunes. Cada semana una chica diferente, ya sabes.
- ¿Pero tú no sientes nada por él?
- Te mentiría si te dijera que no.
- ¿Y nunca lo has intentando? O sea, ¿él sabe que tú sientes algo por él?
- Créeme, no serviría de nada. Tanto para Jordi como para Arnau y Ernest soy una hermana pequeña, nunca se plantearían tener nada conmigo, ni yo con ellos.
- Yo creo que tendrías que intentarlo, aunque puedas perder es mejor que quedarse con la duda.
-¿Y arriesgarme a perderlo para siempre? Ann, Jordi es mi amigo ante todo, mi mejor amigo, y yo no quiero que eso cambie. Mejor vamos a dejarlo estar, ¿vale?
- Como quieras.
Noté como sus ojos se encharcaban, como intentaba tragar saliva para deshacer ese nudo que se nos forma en la garganta momentos antes de romper a llorar. La abracé. Rompió a llorar. Y lloré con ella, porque la entendía, conocía perfectamente esa sensación. No dije nada, y ella tampoco. Hay veces que las palabras no son necesarias, hay veces que con un abrazo ya está todo dicho.
- Gracias, Ann.
- No he hecho nada.
-Abrazarme, hacía tiempo que nadie lo hacía, no al menos un abrazo de verdad. Y créeme, lo necesitaba.
- Vales mucho, Laia.
- Bueno, ya está. Ya estoy mejor. A ver, ahora explícame cómo fue la noche ayer. Siento haberte dejado con Ernest, sé que no es precisamente el alma de la fiesta.
- La verdad es que me lo pasé bastante bien, bueno, menos cuando se puso a hablar con esas dos chicas y me dejó tirada, y acabé sola en la barra del pub.
- Las chicas suelen acercarse a él, y no me extraña, pero si hubieras vuelto él hubiera dejado de hablar con ellas. Ernest no es de liarse con la primera que conoce un sábado por la noche, es más de relaciones largas. Además, desde que rompió con Elena no ha vuelto a estar con ninguna chica.
- ¿Elena?
- Sí, su ex. Llevaban dos años juntos, pero bueno, todo se acaba. Ya han pasado más de seis meses desde que ella le dejó y se fue a Madrid, hasta hace poco él estaba hecho polvo, pero ahora ya casi ni la nombra.
Ahora era yo la que tenía un nudo en la garganta que no podía deshacer. Supuse que él seguía queriéndola, que si ella no se hubiera ido a Madrid seguirían juntos, que no quería nada serio con ninguna otra chica, y menos conmigo.
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