dijous, 9 d’octubre del 2014

Cap. 10

Porque puede que no, que no sea de esas chicas que quitan el hipo al pasar, y tampoco de esas que con una sonrisa alegran el día a cualquiera, porque tal vez tan sólo sea la chica que siempre llega a deshora, un poco -o mucho- más tarde de cuando debería llegar.

No, tampoco soy de esas chicas que se maquillan un viernes por la noche y salen con su mejor vestido a comerse el mundo, o los labios del primero que pase. Más bien soy de esas que se calzan unas zapatillas, viejas y rotas, se peinan a desgana y nunca ordenan su habitación.

Porque soy propensa a ilusionarme, a querer a quien no me quiere, a escuchar a los demás y a no saber ser escuchada. Porque soy de las que aman la lluvia y también los días de sol, las noches de luna llena y los días en los que brilla el sol.

Soy de esas a las que les da miedo decir adiós, pero aún más decir lo que sienten, de las que no arriesgan por no perder, de las que aman bajo folios y no bajo sábanas, de las que lloran en silencio y escondidas en su habitación.

Así que podríamos decir que soy propensa al desastre, a no saber querer, o al menos a no saber cómo ser querida.

No espero que mañana aparezca Ernest por esa puerta y me diga que no la quiere a ella, que él me quiere a mí. O puede que sí, que sí que lo espere aunque sepa que no va a pasar. Porque se me da de puta madre eso de autoengañarme y creerme mis propias mentiras. Porque puede que siga pensando que todo el mundo es bueno y que nadie quiere herir, tan sólo amar.

Igual debería escribirle y decirle que me apetece verle, que echo de menos esa sonrisa, que me encanta escuchar sus historias. Igual no debería hacerlo, porque yo a él no le importo, porque así sólo conseguiré hacerme más daño, porque debería olvidarle de una vez y seguir adelante, aunque la vida duela sin él.

Las ganas me pueden, la nostalgia y los te quieros que le debo me obligan a coger el móvil y tragarme todo mi orgullo, porque sí, porque quiero verle, porque hoy prefiero arriesgar.

Ernest, ¿cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos, últimamente no sé nada de ti. A ver cuándo quedamos aunque sea a hacernos un café y nos ponemos al día. Besitos.

Y ahora a esperar, a ver si por una noche los sueños se hacen realidad.

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